Ciencia, Tecnología y Género
Hace
cincuenta años que la socióloga estadounidense Alice Rossi (1965) formuló la
pregunta central con la que se abría un nuevo campo de investigación sobre las
relaciones entre la ciencia, la tecnología y la sociedad: “¿por qué tan pocas?”
El problema que Rossi identificaba no era nuevo, sino tan antiguo como la
ciencia misma.
Sin
embargo, no es hasta los años 60 del pasado siglo XX cuando comienza a
analizarse la ausencia de mujeres en la producción de conocimiento científico.
Desde entonces, los estudios sobre ciencia, tecnología y género (CTG) han ido
creciendo hasta convertirse en un ámbito de trabajo académico consolidado a
nivel internacional. El artículo que Alice Rossi publicó en Nature, así como el
trabajo de denuncia y reivindicación de un buen número de mujeres, en su
mayoría científicas, en los años 60 y 70 tuvo un efecto importante y duradero.
Las
mujeres que en esa época de emancipación empezaban a ocupar los pupitres de las
universidades como alumnas y los laboratorios y los grupos de investigación
como científicas se encontraban en un mundo mayoritariamente masculino, un
mundo diseñado por y para los hombres. Se vieron “extrañas en el paraíso”
(Magallón, 1996) y se preguntaron por qué. A su vez, las científicas sociales y
humanistas que venían documentando las causas y consecuencias de la
invisibilización y segregación de las mujeres en otros ámbitos también terminaron
por volver su mirada hacia la ciencia.
La
ciencia, precisamente el paradigma de neutralidad y objetividad, el mejor
producto de la razón humana, no era tampoco inmune a los prejuicios de género.
Los estudios CTG han tratado, a partir de estas preocupaciones, de indagar en
las raíces de la exclusión de las mujeres: recuperando para la historia de la
ciencia y la tecnología figuras femeninas silenciadas y olvidadas, analizando
las barreras que continúan excluyendo a las mujeres de los ámbitos públicos (y,
especialmente, de los lugares privilegiados de los mismos), planteando la
renovación curricular para contribuir a una educación igualitaria, e indagando
en los sesgos de género en teorías o disciplinas y en los significados sexuales
en el lenguaje y las prácticas científicotecnológicas.
Estas
líneas de trabajo han proporcionado en los últimos años gran cantidad de
información relevante en diferentes ámbitos disciplinares y distintos contextos
geográficos. Gracias a todo este conocimiento, se hicieron visibles las
barreras formales que se han ido poco a poco derribando, y también aquellas
invisibles que aún perviven. Módulo 7 – Ciencia, Tecnología y Género 5 “Efecto
Curie”, “efecto Matilda”, “techo de cristal”, “suelo pegajoso”, “tubería
agujereada”… todas estas imágenes han servido para describir la situación
actual, en la cual las mujeres han ido aumentando su número como estudiantes en
las universidades hasta ya no ser extrañas sino la norma, aunque su ritmo de
acceso y ascenso en las carreras científicas continúa siendo más lento que el
de los varones y estando segregado por campos de conocimiento.
También
era necesario atender a los contenidos de las teorías científicas y los
sistemas tecnológicos. En la práctica de la ciencia y la tecnología, los enfoques
de género han sido el motor de cambios importantes. Datos empíricos
desatendidos, metodologías innovadoras, prácticas alternativas,
reconstrucciones conceptuales… son todos ellos logros de la estrategia
recomendada por Sandra Harding (1986) de mirar los problemas, los datos, los
métodos, las teorías y las prácticas desde las vidas de las mujeres. En
términos generales, podríamos decir que la perspectiva de género ha actuado en
la práctica científica y tecnológica sobre lo que Nancy Tuana (2004) denomina
“la epistemología de la ignorancia”. La epistemología se ha ocupado
tradicionalmente de lo que conocemos, de los procesos de generación y
validación del conocimiento humano. Sin embargo, es igualmente interesante
aquello que ignoramos, bien porque se decide no indagar acerca de ello o bien
porque las preguntas de investigación ni siquiera llegan a plantearse. La
máxima metodológica de comenzar desde las vidas de las mujeres ha tenido
precisamente como consecuencia principal poner de relieve todo lo que la ciencia,
deliberada o inintencionadamente, había ignorado: desde la historia a la
fisiología de las mujeres o su papel en la evolución. Lo mismo sucede en el
caso de la tecnología, donde la autoría de las mujeres inventoras o las
tecnologías asociadas a los ámbitos típicamente femeninos (domésticos, de
cuidado y crianza) fueron sistemáticamente ignoradas. Cinco décadas de trabajo
sobre mujer y ciencia han tenido resultados visibles y esperanzadores. Hoy en
día, hay muchas más mujeres estudiando y trabajando en ciencia y tecnología; y
la crítica feminista ha propiciado ciencias y tecnologías no solamente más
justas, sino epistémicamente mejores. La ciencia y la tecnología son, además,
una de las mejores herramientas que tenemos para combatir el sexismo a diferentes
niveles y, en términos generales, se han mostrado sensibles a las críticas y
con una grandísima capacidad de autocorrección. En este Módulo mostraremos el
camino recorrido y el que queda por recorrer en la relación de las mujeres y el
género con la ciencia y la tecnología. Mas información aquí
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