martes, 8 de agosto de 2017

Ciencia, Tecnología y Género

Ciencia, Tecnología y Género


Hace cincuenta años que la socióloga estadounidense Alice Rossi (1965) formuló la pregunta central con la que se abría un nuevo campo de investigación sobre las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la sociedad: “¿por qué tan pocas?” El problema que Rossi identificaba no era nuevo, sino tan antiguo como la ciencia misma.
Sin embargo, no es hasta los años 60 del pasado siglo XX cuando comienza a analizarse la ausencia de mujeres en la producción de conocimiento científico. Desde entonces, los estudios sobre ciencia, tecnología y género (CTG) han ido creciendo hasta convertirse en un ámbito de trabajo académico consolidado a nivel internacional. El artículo que Alice Rossi publicó en Nature, así como el trabajo de denuncia y reivindicación de un buen número de mujeres, en su mayoría científicas, en los años 60 y 70 tuvo un efecto importante y duradero.
Las mujeres que en esa época de emancipación empezaban a ocupar los pupitres de las universidades como alumnas y los laboratorios y los grupos de investigación como científicas se encontraban en un mundo mayoritariamente masculino, un mundo diseñado por y para los hombres. Se vieron “extrañas en el paraíso” (Magallón, 1996) y se preguntaron por qué. A su vez, las científicas sociales y humanistas que venían documentando las causas y consecuencias de la invisibilización y segregación de las mujeres en otros ámbitos también terminaron por volver su mirada hacia la ciencia.
La ciencia, precisamente el paradigma de neutralidad y objetividad, el mejor producto de la razón humana, no era tampoco inmune a los prejuicios de género. Los estudios CTG han tratado, a partir de estas preocupaciones, de indagar en las raíces de la exclusión de las mujeres: recuperando para la historia de la ciencia y la tecnología figuras femeninas silenciadas y olvidadas, analizando las barreras que continúan excluyendo a las mujeres de los ámbitos públicos (y, especialmente, de los lugares privilegiados de los mismos), planteando la renovación curricular para contribuir a una educación igualitaria, e indagando en los sesgos de género en teorías o disciplinas y en los significados sexuales en el lenguaje y las prácticas científicotecnológicas.
Estas líneas de trabajo han proporcionado en los últimos años gran cantidad de información relevante en diferentes ámbitos disciplinares y distintos contextos geográficos. Gracias a todo este conocimiento, se hicieron visibles las barreras formales que se han ido poco a poco derribando, y también aquellas invisibles que aún perviven. Módulo 7 – Ciencia, Tecnología y Género 5 “Efecto Curie”, “efecto Matilda”, “techo de cristal”, “suelo pegajoso”, “tubería agujereada”… todas estas imágenes han servido para describir la situación actual, en la cual las mujeres han ido aumentando su número como estudiantes en las universidades hasta ya no ser extrañas sino la norma, aunque su ritmo de acceso y ascenso en las carreras científicas continúa siendo más lento que el de los varones y estando segregado por campos de conocimiento.
También era necesario atender a los contenidos de las teorías científicas y los sistemas tecnológicos. En la práctica de la ciencia y la tecnología, los enfoques de género han sido el motor de cambios importantes. Datos empíricos desatendidos, metodologías innovadoras, prácticas alternativas, reconstrucciones conceptuales… son todos ellos logros de la estrategia recomendada por Sandra Harding (1986) de mirar los problemas, los datos, los métodos, las teorías y las prácticas desde las vidas de las mujeres. En términos generales, podríamos decir que la perspectiva de género ha actuado en la práctica científica y tecnológica sobre lo que Nancy Tuana (2004) denomina “la epistemología de la ignorancia”. La epistemología se ha ocupado tradicionalmente de lo que conocemos, de los procesos de generación y validación del conocimiento humano. Sin embargo, es igualmente interesante aquello que ignoramos, bien porque se decide no indagar acerca de ello o bien porque las preguntas de investigación ni siquiera llegan a plantearse. La máxima metodológica de comenzar desde las vidas de las mujeres ha tenido precisamente como consecuencia principal poner de relieve todo lo que la ciencia, deliberada o inintencionadamente, había ignorado: desde la historia a la fisiología de las mujeres o su papel en la evolución. Lo mismo sucede en el caso de la tecnología, donde la autoría de las mujeres inventoras o las tecnologías asociadas a los ámbitos típicamente femeninos (domésticos, de cuidado y crianza) fueron sistemáticamente ignoradas. Cinco décadas de trabajo sobre mujer y ciencia han tenido resultados visibles y esperanzadores. Hoy en día, hay muchas más mujeres estudiando y trabajando en ciencia y tecnología; y la crítica feminista ha propiciado ciencias y tecnologías no solamente más justas, sino epistémicamente mejores. La ciencia y la tecnología son, además, una de las mejores herramientas que tenemos para combatir el sexismo a diferentes niveles y, en términos generales, se han mostrado sensibles a las críticas y con una grandísima capacidad de autocorrección. En este Módulo mostraremos el camino recorrido y el que queda por recorrer en la relación de las mujeres y el género con la ciencia y la tecnología. Mas información aquí

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